La importancia del juego libre en el desarrollo de los niños y el rol del adulto

Biólogos y zoólogos nos dimos cuenta hace tiempo de que cuanto más inteligente es un animal, más juegan sus crías. Hay una relación directa entre el juego y el desarrollo y la estructuración del cerebro. Los niños juegan para aprender sobre el mundo que les rodea y sobre ellos mismos. El juego les ayuda a descubrir (y auto-descubrirse), a explorar y a recrear situaciones e, incluso el juego más simple, posee capas y capas de significado. En este sentido el juego libre contribuye enormemente en el desarrollo cognitivo, la regulación de emociones y la resilencia, permitiendo a los niños enfrentarse a situaciones de estrés mediante el desarrollo de habilidades de resolución de problemas y fomentando el uso de aproximaciones y enfoques creativos.

También me gusta la idea de describir el juego como un lugar. Un lugar dónde el niño puede ser el mismo, donde puede desarrollar conexiones que le permitirán establecer vínculos estrechos con el entorno y con sus compañeros.

Cuando hablo de juego como Guía de Escuela Bosque, me refiero siempre a juego libre, entendido como actividades escogidas libremente (ya sea a nivel individual o de grupo), dirigidas por los propios niños, y que éstos realizan por motivaciones intrínsecas. Los adultos no dirigimos ni interrumpimos, los niños dirigen la acción y juegan por el placer de jugar, no para obtener ningún tipo de recompensa o aprobación. En este contexto, jugar en el entorno natural tiene numerosos beneficios: cognitivos, sociales, físicos, emocionales… y se usa para enriquecer aún más la experiencia de las Escuelas Bosque. De hecho, numerosos estudios apuntan que los niños ven el entorno natural como un espacio más favorable para el juego, donde se reducen los niveles de estrés y los niveles de estimulación se ajustan a cada individuo.

Así, cuando planeamos sesiones de Escuela Bosque, tenemos que dejar siempre espacio y tiempo para el juego libre. Una aproximación que suele funcionarme bien es el planear actividades que puedan ocupar el 100% del tiempo disponible pero luego tener en cuenta que al menos el 50% del tiempo será de juego libre. ¿Parece complicado? Prometo que no lo es. Si tienes en cuenta que las actividades generalmente se presentan como una proposición-invitación entonces todo encaja. Hablo más de ello en un momento.

A estas alturas espero que tu también consideres el juego como una necesidad básica, igual que disponer de alimento, agua o aire que respirar. Es cierto que nuestros hijos o alumnos no van a morirse por falta de juego pero sí veremos su desarrollo mermado: problemas en el desarrollo de las habilidades motoras, problemas de interacción social, problemas cognitivos…

Observar el juego de los niños es una tarea que nos dará muchísima información y, además, nos permitirá identificar cuales pueden ser nuestras siguientes acciones, cómo podemos ayudarles a progresar en algún sentido, cómo enriquecer sus actividades, cómo introducir nuevas habilidades…Por ejemplo, si el grupo empieza a construir cabañas y refugios (una de las actividades más populares) podría ser un buen momento para introducir algunos nudos o la creación de estructuras básicas como el trípode para que ellos puedan luego incorporarlo en la construcción. También podemos hacer una revisión del espacio y considerar si se necesita podar nada. Los restos de poda son siempre perfectos para incorporar en las construcciones.

Existen varias clasificaciones sobre el juego pero una de las más usadas es la creada por Mildred Parten durante los años 30 y 40. En principio se presentó como una clasificación secuencial en que el niño pasa de las primeras categorías a la últimas a medida que crece y se desarrolla pero en la actualidad se consideran como diferentes tipos de juego. El uso de un tipo u otro puede verse más influenciado por el contexto que por el nivel de desarrollo del niño. Se trata de una clasificación en función del nivel de participación en el juego.

Juego solitario
El niño juega solo, de forma independiente, sin prestar atención a lo que otros pueden estar haciendo a su alrededor.
Observador
Este es un tipo de comportamiento más que un tipo de juego. El niño se dedica a mirar lo que otros hacen. Puede que se inicien interacciones sociales (el niño puede hacer preguntas relacionadas con el juego) pero no participa en la actividad como tal.
Juego de imitación
El niño juega por su cuenta pero está atento de lo que hacen el resto de niños y, tras observarlos, hace alteraciones en su propio juego, imitando lo que ha visto. Aunque parece que el niño no tiene demasiado interés en el resto, en realidad está realizando una gran tarea de observación.
Juego en paralelo
Varios niños juegan a lo mismo (misma actividad o mismos materiales) pero de forma independiente. Puede que inicien conversaciones pero cada uno sigue jugando por su cuenta. Uno de los niños puede dejar el juego sin que esto interfiera con el resto. El juego en paralelo y el juego de imitación pueden darse al mismo tiempo.
Juego asociativo
Los niños juegan juntos pero sin organizarse demasiado. No hay unas normas (ni implícitas ni explícitas) y alguno de los jugadores puede abandonar el juego sin que este se vea muy afectado. Por ejemplo: puede que los niños correteen por el bosque haciendo ver que son conejos. Suceden muchas interacciones sociales entre ellos pero no hay detrás un gran nivel de organización. Otra opción sería que los niños estuvieran construyéndose refugios de forma individual pero se prestaran herramientas y materiales. El niño se interesa por el otro pero no hay una coordinación o sincronización detrás.
Juego cooperativo
Los niños juegan juntos y se organizan. Puede que hablen abiertamente sobre roles o reglas a seguir o puede que estas se sobreentiendan (reglas implícitas) (por ejemplo, el niño que hace de pececillo no puede nadar por las zonas de tierra, sólo por las de agua). Los niños deben amoldarse a las necesidades de los demás pues el juego procederá mientras todos lo disfruten. Si varios niños dejan el juego, éste se acaba.
Esta clasificación nos puede ayudar a hacer mejores observaciones y buscar opciones para enriquecer los diferentes tipos de juego que se desarrollan en la Escuela Bosque. La idea es que más conocimiento nos ayude a tener mayor entendimiento, a conocer mejor cada uno de los niños y así acompañarles y ofrecerles oportunidades para florecer.

Otra clasificación muy usada en la creación de currículos en el Reino Unido es la creada por Hughes en el 2002. Esta contiene 16 tipos de juego:

Juego simbólico
Juego en que se usan objetos, signos, diseños o símbolos para representar gente, ideas o cualidades. Este tipo de juego permite experimentar de forma gradual para conseguir un mayor entendimiento. Por ejemplo: usar una palo de madera como arma o como un muñeco/persona.
Juego de exploración
Juego de descubierta mediante el cual el niño accede a información objetiva sobre su entorno y puede involucrarse activamente para evaluar y valorar sus características ya sea mediante la manipulación o el movimiento. Por ejemplo: tirar piedras a un riachuelo, arrancar los pétalos de una flor y abrir el cálice para ver sus partes internas, apilar piedras una encima de otra.
Juego con objetos
Resolución de problemas mediante la manipulación y la coordinación ojo-mano. Por ejemplo: usar un objeto novedoso. La fascinación viene del propio objeto, de lo que se puede hacer con éste o en qué podemos convertirlo (independientemente de su uso “apropiado”).
Juegos bruscos (físicos/violento) (rough and tumble play)
Probando los límites propios y ajenos este tipo de juego, aunque brusco, no contiene el componente de violencia que se da en las luchas entre adultos. Se trata de una forma de experimentación que permite aprender los códigos sociales de conducta física. Por ejemplo: juegos de peleas lúdicas o juegos en que los niños se persiguen y se atrapan de forma brusca.
Juego de roles socio-dramático:
El niño recrea escenas intensas de su propia vida. Ejemplos: jugar a “papás y mamás”, recrear un nacimiento, un funeral… Este tipo de juegos permite a menudo experimentar con emociones que pueden superar al niño en la vida real, ofreciéndole un contexto dónde experimentarlas de forma segura (resultando, a veces, terapéutico).
Juego de roles imaginativo
Juego explorando la identidad y las formas de ser y de hacer. Normalmente no tiene naturaleza intensa. Se trata de imitar a alguien o probar algo visto pero no experimentado. Por ejemplo: convertirse en tendero, en biólogo marino, conducir un vehículo, jugar a cocinitas…
Juego dramático-teatral
Juego que dramatiza eventos en los que el niño no es un participante directo, es decir, recrea escenas intensas de la vida de otros. Por ejemplo: recrear una película o una noticia escuchada esa mañana.
Juego social
Juego durante el cual las reglas y los criterios para la interacción y la comunicación se pueden explorar y modificar. Actividades en que se espera que los participantes discutan los protocolos a seguir. Por ejemplo: jugar al pilla pilla decretando un espacio de “salve” o cualquier otro juego de interacción en que los niños marquen unas reglas a seguir.
Juego comunicativo
Juego usando palabras o gestos. Creando una reacción y explorando el impacto. Por ejemplo: inventar palabras, mímica, cantar, contar cuentos/historias.
Juego creativo/de invención
Juego que permite una nueva respuesta, la expresión de uno mismo, la transformación de la información, el establecimiento de nuevas conexiones y nuevas ideas, con un elemento de sorpresa. Se trata de una creación enfocada pero espontánea y libre. No tiene necesariamente un resultado final. Puede ser de pequeña o gran escala, individual o grupal. Por ejemplo: creación de mini-mundos con piezas sueltas, construir un columpio con elementos naturales.
Juego de alta intensidad/profundo
Juego que desarrolla habilidades de supervivencia o de conquista del miedo. El niño se enfrenta a actividades que el siente de alto riesgo físico o emocional, moviendo así sus propias fronteras, saliendo de su zona de confort. Cada niño tiene sus propios límites por lo que una misma actividad puede ser de alta intensidad para un niño pero no para otro. Por ejemplo: subir a un árbol o dar una opinión que contradice a la dominante.
Juego fantástico
Juego que reorganiza el mundo al gusto del niño convirtiéndolo en un espacio fantástico e irreal. Por ejemplo: ser superhéroes, alienígenas, duendes, hechiceros o brujas…
Juego locomotor
Juegos que impliquen movimiento. Por ejemplo: correr, saltar, trepar, perseguirse…
Juego de maestría
Juego caracterizado por la toma de control de los ingredientes físicos y afectivos del entorno natural. Por ejemplo: el niño imagina que es un árbol o desarrolla una nueva habilidad como saltar de un lado a otro del riachuelo.
Juego recapitulativo
Juego que muestra aspectos de la historia de la evolución humana. Por ejemplo: encender fuegos, participar en rituales y canciones espontáneas…

Estas clasificaciones no son las únicas, podríamos clasificar el juego a partir de las emociones que experimentan los participantes, de los materiales que usan… de mil y una maneras diferentes. Lo importante de las clasificaciones es que nos invitan a hacer mejores observaciones y, por tanto, nos ayudan a ser más reflexivos., invitándonos siempre a buscar la mejora.

 

Promoviendo el juego en las Escuelas Bosque. El rol del guía.

Primero y más importante, como guías de Escuela Bosque (o padres), debemos asegurarnos de ofrecer espacios suficientemente seguros para que los niños puedan jugar. La naturaleza es el espacio ideal pues ofrece numerosos estímulos multisensoriales, recursos abiertos y partes sueltas pero cuando los niños juegan y exploran tienden a alejarse de lo familiar para adentrarse en lo desconocido, a aquello que les generará un nuevo reto. Hace falta tener presente que lidiar con nuevos retos a menudo conlleva riesgos: desde dar sus primeros pasos a trepar a un árbol o construir un refugio con elementos naturales, toda actividad conlleva sus riesgos, pero estos raramente pueden eliminarse por completo sin sabotear el aprendizaje.

La gestión de riesgos en un entorno educativo es muy diferente de la gestión de riesgos en el ámbito laboral puesto que en el primero,  la exposición a ciertos riesgos trae consigo beneficios mientras que en el entorno laboral esto no sucede y se trabaja, en la medida de los posible, en la eliminación de riesgos. En las Escuelas Bosques (y por extensión en nuestra tarea como padres) nuestro papel es el permitir que cada niño se vea expuesto a los riesgos que es capaz de manejar por sí mismo teniendo presente su madurez mental, física y emocional. Se trata de darles la oportunidad de enfrentarse a riesgos controlados.

Realizando una gestión de riesgos y una supervisión adecuada nos aseguramos de que los niños pueden jugar de forma suficientemente segura. Hoy en día el tiempo que los niños pasan al aire libre se ha reducido drásticamente. Por un lado tenemos agendas saturadas de actividades estructuradas, dirigidas por adultos. Por otro lado, los padres sienten que jugar al aire libre conlleva un gran riesgo. No sólo riesgo de sufrir accidentes, también tienen miedo de la sociedad que nos envuelve, que  se percibe como hostil. Como resultado nos encontramos con niños cuyo único tiempo de juego al aire libre es el que disfrutan en su sesión semanal de Escuela Bosque. Hoy más que nunca hace falta trabajar en un cambio que nos permita adoptar un enfoque más equilibrado, en que haya lugar para la experimentación y la exploración.

En este artículo os hablo sobre la gestión de riesgos, ahora hago un breve resumen: se realiza una gestión de riesgos del entorno/espacio antes de empezar a usarlo, otra antes de cada sesión (puesto que es muy probable que se produzcan cambios en el espacio debido a lluvias, el paso de otras personas…), una evaluación de beneficios y riesgos de cada actividad individual, etc…

Durante las sesiones mi rol consiste en la supervisión: realizar recuentos de forma regular y evaluaciones dinámicas de riesgos, considerando tanto la seguridad y bienestar físico como el emocional, e interviniendo únicamente cuando estos se ven comprometidos. Para acompañar a los niños debo retirarme y observar en la distancia sin ser notada, dándoles tiempo y espacio. Si necesito acercarme a los niños lo hago siempre a su nivel (agachándome, que nuestros ojos estén a la misma altura). También puedo participar en su juego si siento que tengo algo relevante por compartir pero lo hago siempre con cuidado, retirándome si siento que rompo su ritmo.

Para promover el juego podemos proveer una gran variedad de experiencias. El establecimiento de diversos espacios que inviten al niño a jugar y la presencia de varias propuestas de actividades ayudarán a que el niño se adentre en el juego fácilmente. Las propuestas se presentan como invitaciones no directivas. A mi me gusta verlas como pequeños catalizadores del juego. En determinados momentos uno necesita algo de inspiración y es ahí donde las propuestas cumplen su función.

Generalmente los campamentos de Escuela Bosque poseen una serie de espacios que se mantienen al largo de las sesiones. Espacios como una zona de “cocinitas” para jugar con barro, una área con piezas sueltas o una ladera con cuerdas pueden presentarse a los niños en su primera sesión y serán de gran ayuda para los niños que tienen más problemas para unirse al juego libre de forma espontánea. Así, se usan como zonas seguras, como referentes o espacios de pausa o descanso a los que el niño recurre cuando lo necesita. No es extraño encontrarse con niños que se sienten algo perdidos en sus primeras sesiones en el bosque. Algunos no están acostumbrados a dirigir sus acciones pues normalmente no tienen posibilidad de elegir. Otros no están familiarizados con el entorno natural, es para ellos un nuevo mundo. Ofreciéndoles unos cuantos recursos abiertos les ayudamos a adentrarse en el juego libre.

Como ya os he comentado, la observación es otra gran herramienta o, si me lo permitís, LA herramienta. Prestar atención a los intereses de los niños y proveerles herramientas y materiales (siempre de bajo impacto ecológico) que les permitan seguirlos y expandirlos es otra forma de promover el juego libre. Hemos hablado ya del ejemplo de la construcción de cabañas y el foliaje de poda pero el inspirar, el compartir ideas tangibles, entra también en la misma categoría. Siempre debemos tener presente en que punto se encuentran nuestros hijos y alumnos y compartir el conocimiento necesario para que puedan ir un pasito más allá. Si creemos que pueden llegar solos les dejaremos andar, pero si no, siempre podemos darles la mano y mostrarles el siguiente paso. Se trata de una danza, de encontrar el equilibrio entre dejar hacer y acompañar activamente y ¡a bailar sólo se aprende bailando!

Para resumir, nuestro papel como guías de Bosque Escuela se centra en proteger, acompañar, observar y enriquecer el juego libre de los participantes pues es mediante el juego cómo los niños aprenden. ¿Añadirías algo más? ¿Te quedan dudas? Escríbeme en los comentarios.

 

 

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PARA SABER MÁS

Burghardt, G. (2005) The Comparative Reach of Play and Brain Perspective, Evidence, and Implications, American Journal of Play, Vol. 2 No. 3 Disponible aquí.

Brown, F., Play deprivation: impact, consequences and the potential of playwork, Play Wales, 2013 Disponible aquí.

Gray, P. (2013) Free to learn, New York: Ingram Publisher Services US. Disponible aquí.

Hughes, B. (2002) A Playworker’s Taxonomy of Play Types, 2nd edition, London: PlayLink.

Lawrence, J. (2001) Playful parenting, New York: The Random House Publishing Group. Disponible aquí.

Lester S., Russell, W., El derecho de los niños y las niñas a jugar. Cuadernos sobre desarrollo infantil temprano, Fundación Bernard van Leer, La Haya, 2011. Disponible aquí

Tomlin, Carolyn Ross. “Play: A Historical Review”. Early Childhood News.

Play, policy and practice: a review of contemporary perspectives, University of Gloucestershire. Disponible aquí.

 

2 Comentarios

  1. Merce

    Hola de nou! Gracies per compartir. He intentat subscriurem pero no funciona. Una abraçada!

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    • nitdia

      Ja ho he arreglat! Gràcies per avisar-me!

      Responder

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